C-O-R-O-N-A-V-I-R-U-S

Cuánto arte en tan complicados tiempos. Streamings, memes, panfletos, artículos, revistas, juegos, cursos, programas de todo tipo… para hacer más llevadero todo esto.

Obras maravillosas –la mayoría– de gente buscándose las habichuelas con ellas para mantenerse en la pomada –no lo olvidemos– cuando pase todo esto.

Rápidamente, de nuevo, el orden de las cosas ha cambiado repentinamente. El desierto ha vuelto a crecer, mostrándonos una vez más lo minúsculas que son nuestras vidas frente al mismo. Sin futuro, los planes se desmoronan uno a uno, el ahora se hace cada vez más pesado y el pasado… ah, el pasado, pasado está. Y aquí estamos, analizándolo. Pero ¿cambiaremos nosotrxs también o seguiremos igual, o peor, cuando se supere todo esto?

Orden. Disciplina. Sometimiento. Pasividad. Comprensión. Solidaridad. Tranquilidad… Desde arriba –con numerosos altavoces tanto arriba como abajo y en el centro– nos piden que acatemos todo cuanto han programado. Que es por nuestro bien y el de la gente que nos rodea. Que así saldremos adelante de todo esto.

No podemos hacer nada, parece, salvo eso. Aceptar lo que ocurre, aceptar lo que quienes gobiernan han pensado para nuestros cuerpos y nuestras mentes, aceptar nuestra pequeñez en todo esto.

Aunque, curiosamente, hay algo que sí podemos hacer y que, parece, no hacemos, máxime ahora que tenemos mucho tiempo para pensar y compartir entre gran parte de las personas implicadas en esta jodida mierda: organizarnos y organizar el ataque al mundo que nos está llevando al límite, una vez más, ahora que se encuentra al límite, una vez más, de sus posibilidades. Porque nuestra fuerza va mucho más allá de todo cuanto nos están pidiendo que hagamos y hacemos. Porque de esta crisis –que está poniendo tanto a gran parte del mundo como al capital– contra las cuerdas no debe salir luego, otra vez, una población sumisa, vencida o indiferente frente al resto de problemas que pululan a su alrededor –o no tan a su alrededor– y tienen gran parte de su razón de ser en ella y su bienestar. Porque no podemos volver a ser lo que fuimos después de todo esto.

Vayamos, pues, más allá del más acá que nos han propuesto, tanto en lo que al ahora mismo respecta como para cuando todo esto acabe. No hagamos como si nada, ni ahora ni cuando todo esto acabe. No respondamos ante las consecuencias y vayamos al día a día del oscuro día a día que habitamos. Y dibujemos un plan. Que está muy bien salir del paso y regocijarnos en lo bien que lo describimos, pero se hace necesario algo más. Unamos a los planes de choque propuestos contra lo que tenemos más planes de acción para lo que se va a venir tras todo esto.

Intransigencia. Investigación. Indisciplina. Irreverencia. Insumisión. Internacionalismo. Iniciativa. Al fin y al cabo, y debido a que ya nada será como antes –y sí–, eso es lo que importa si de verdad queremos no volver a ser lo que fuimos cuando termine todo esto.

Radicalmente organizadxs en nuestras formas-de-vida. Radicalmente activxs en nuestro pensar-hacer. Radicalmente rapidxs frente a la memoria cortoplacista de esta contemporaneidad dominada, aún, por la sociedad del espectáculo, que sigue más que vigente en el devenir de todo esto.

Unidad Popular. Sin recrearnos en la ruina, buscando; sin acusarnos, apoyando; sin que nadie se sienta más que nadie. Y que se vayan a la mierda todos sus gestores. Que no vuelvan a engañarnos.  Que ninguna de nuestras herencias quede en pie cuando finalice todo esto.

Sólo el pueblo salva al pueblo.

Pedro José Mariblanca