Contra el capital, el Estado, el Estado de Alarma y la farsa del coronavirus.

El “virus” ha evidenciado lo que nosotrxs anunciábamos y sospechábamos hace mucho: el capital y el estado son el Moloch a destruir… la “Era” de lxs tecnócratas y “social-demócratas” ya ha agotado su “papel histórico” ante los ojos de todo el mundo. Quien a partir de ahora (y después del “toque de queda” bio-fascista) crea en “Derechos” es directamente un/a imbécil redomadx…

Gabriel Pombo da Silva, 1 de abril, desde la cárcel.

Sabemos que el Estado de Alarma y el confinamiento no son más que una sigilosa preparación para el advenimiento de nuevos regímenes autoritarios. Sabemos que el Estado y el capital necesitan reforzar su poder y su control sobre una población cada vez más explotada y excluida. Sabemos además que patógenos como el coronavirus forman parte de los horrores del capitalismo generalizado. Las mentiras y los bulos también; no nos creemos ni los bulos de la OMS, ni los bulos de la ONU, ni los bulos del Pentágono, ni los bulos de todo el conglomerado masmediático montado en torno a nuestra vida cotidiana. Desconfiamos de toda la información procedente de las instituciones estatales y de los organismos supranacionales que están claramente al servicio del capital y que incluso entre ellos mismos se contradicen, como sucede con la supuesta alta letalidad del coronavirus. Desconfiamos de la “sabiduría” de los expertos del Estado, de la burguesía, del ejército, de la policía, de sus médicos y de sus  abstracciones despóticas. No nos creemos sus mentiras. Somos iletrados. Somos salvajes.

A todos ellos les decimos: no nos hemos encerrado en casa; no estamos acatando su confinamiento. No queremos dejar que nuestros deseos se pudran allí dentro, no los abandonaremos en un “estado de suspensión” dictado por el Estado, ni saldremos a las 20:00 horas a aplaudir desde nuestras ventanas como buenos súbditos. No vamos a acatar las indicaciones de las autoridades científicas y sanitarias. Tenemos nuestra forma de confinarnos. En realidad la opacidad en la que nos ocultamos no es nueva. Siempre han existido zonas de opacidad en las que esconderse de las administraciones y la policía y, en general, del sistema de dominación capitalista. En realidad llevamos haciendo eso casi toda nuestra vida. Llevamos décadas viviendo en un confinamiento que no tiene sede, un confinamiento que se extiende por todos los barrios y por todas nuestras subjetividades. Como los zapatistas, nacimos en la noche, en ella vivimos y en ella moriremos. El confinamiento no debe tener lugar dónde, cómo y cuándo decida el enemigo de clase, sino cuando cada comunidad en lucha lo acuerde de forma asamblearia. La autogestión decide cómo y cuándo reunirnos, cómo y cuándo abrazarnos, sin depender subjetivamente de las espantosas amenazas y coacciones del Estado. Sabemos cuidarnos los unos a los otros, sabemos permanecer escondidos y evitar a los chivatos, sabemos no contagiarnos. Somos los primeros interesados en evitar, juntos, cualquier contagio, del mismo modo que esquivamos las radiaciones electromagnéticas de las torres de telefonía móvil desperdigadas por todas las ciudades y pueblos del planeta, al igual que esquivamos las vacunas o los microplásticos y metales pesados del mar. Llevamos décadas huyendo del trabajo asalariado, de vuestros estupidizantes medios de comunicación, de vuestros medicamentos y de la comida basura y las bebidas carbonatadas que provocan cada año millones de nuevos casos de diabetes y cáncer en el mundo.

No vamos a recluirnos en la red, y mucho menos para twittear, subir fotos a Instagram o “luchar” desde Facebook, porque esas no son más que las armas del enemigo. No vamos a ser tan tontos de retwittear nuestras acciones, de postear nuestras soflamas. Somos de la vieja escuela. Sabemos cómo hacer para que nuestras acciones subversivas no queden registradas en ninguna red social. Desconfiamos de los youtubers, de los influencers y de todos los activistas de red social. Sabemos vivir y luchar sin Internet, sabotear el sistema de suministros del capitalismo sin Internet; la lucha anti-fracking, las plataformas contra los desahucios y la defensa antifascista nos hicieron fuertes y astutos. Llevamos mucho tiempo escondiéndonos de vuestras cámaras de videovigilancia y de vuestras insufribles infraestructuras algorítmicas. Ahora mismo, estamos saboteando vuestras torretas 5G, como hicieran antaño los luditas: somos los nuevos destructores de máquinas, somos los que están atentado aquí y allí contra las infraestructuras algorítmicas de Silicon Valley y sus dueños. Insisto: somos salvajes.

Se dice mucho estos días que este confinamiento favorece la reflexión. A todos ellos les decimos: ya hemos reflexionado demasiado; desde la cárcel, desde el psiquiátrico, desde la asamblea, desde el piso tutelado o desde la cola del SEPE. Hace ya muchos años que hemos pasado a la acción creando redes de apoyo y actuando contra la represión del Estado, contra grupos neonazis y contra la dominación del capital. Y nos hemos preparado para afrontar las revueltas que vienen. Nos hemos estado preparando de muchas maneras para afrontar el recrudecimiento del conflicto que se avecina entre nosotros los explotados y excluidos por un lado, y la burguesía y la casta política que dirige el Estado, por otro.

Aclaramos que nos oponemos firmemente a todos esos fascistas que se manifiestan estos días contra el confinamiento pero para que todo siga igual, o para que se explote aún más a los trabajadores, como es el caso de todos esos paramilitares descerebrados pro-Trump. A todos ellos y a los que les emulen les plantaremos cara y desmontaremos sus falsos discursos en favor de la libertad, discursos que sólo esconden el viejo discurso de los nuevos negreros. Por el contrario nos sentimos afines a otras muestras de rechazo colectivas como las masivas manifestaciones populares –con mascarillas y distanciamiento social- producidas en Tel Aviv contra Netanyahu, movilizaciones como la gran marcha mapuche por la ciudad de Temuco, en Chile, exigiendo la desmilitarización de La Araucanía y por la libre determinación, o los recientes disturbios en las periferias de Paris, caracterizados por numerosos incendios de vehículos y esporádicos enfrentamientos con la Policía.

En las fases finales del capitalismo terminal la exclusión aproxima aún más a los enfermos. No tenemos miedo a enfermar; nos da mas miedo la sumisión y la esclavitud voluntaria a la que nos hemos entregado bajo la supuesta amenaza del coronavirus. En realidad estamos actuando como si ya hubiéramos enfermado. Somos los apestados. Somos anomalías. No tenemos nada qué perder más que nuestra anomalía. Estamos contagiándonos de furia, de rebeldía, de odio de clase y de solidaridad. Ahora mismo, sabedlo, las singularidades de deseo y las colectividades en trance de devenir estamos desobedeciendo, estamos reuniéndonos a escondidas, estamos fortaleciendo alianzas, estamos fortaleciendo nuestra subjetividad. Nos estamos viendo, nos estamos abrazando, nos estamos besando. Y le estamos dando la espalda a vuestro podrido Espectáculo y vuestra perniciosa y embustera tecnociencia.

Por todo eso afirmamos que estamos dispuestos a lo que sea. Nosotros: individualidades antiautoritarias, agrupaciones de rebeldía, conformaciones emergentes de deseo, agregaciones territorializadas, antifascistas, indigenistas, movimientos eco-feministas y anticapitalistas sin estructura orgánica, militantes sin partido, aliados sin líderes, anarquistas dispersos, atareados en rituales de conjuración, estamos preparados para afrontar con todas las armas posibles los recortes de libertades y derechos que se avecinan, la violencia policial, la represión y la barbarie que vienen, el eco-fascismo que viene. Por el momento os invitamos a salir a la calle el próximo 1 de mayo, guardando o no las distancias, con o sin mascarillas, como han hecho otros colectivos sociales en muchos lugares del planeta. Y os animamos también a reventar manifestaciones fascistas como la que ha organizado La Falange para el próximo 2 de mayo la Plaza de Cánovas del Castillo.

Contra el capitalismo, contra el Estado y las patrias, contra los militares y los paramilitares, contra los fascistas y los eco-fascistas, contra las cárceles y sus carceleros, contra la coerción médica y su dictadura.

Pronto sabréis de nuestra desesperación.

Los anticapitalistas no nos hemos rendido.

Grupos Anticapitalistas de Ofensiva Libidinal.
27 de abril de 2020.

(enriquenorauk@gmx.es)