S.T.

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Mientras que normalizamos que las calles se llenen de militares y policías, que cada día los abusos de autoridad se vuelvan algo recurrente, preguntémonos el porqué de esta situación.

En mi opinión no es más que una limpieza de cara, una campaña de relaciones públicas, para justificar el gasto militar en detrimento de la inversión social.

Una campaña que hace que el lenguaje militarista (“la guerra contra el Covid-19”, “los médicos en el frente de batalla”, “el personal sanitario trabajando en primera línea de guerra”…), la presencia diaria de militares en las calles, el continuo espionaje vecinal y chivatxs en los balcones, acabe siendo mirado como algo positivo o heroico, cuando no lo es.

Seamos sincerxs, el gasto militar es un gasto, nada más, para la persona que estará leyendo esto jamás retornará un solo céntimo del dinero que se puso en ese enorme hoyo que nuestra sociedad del “bienestar” llamo seguridad.

Sin embargo, al lector de estas palabras, debe quedarle una cosa clara, cuando la cuarentena acabe y empiece la auténtica crisis, la económica, ¿cómo afrontará el estado la oleada de personas que sin haber salido de sus casas, de pronto, son pobres? ¿con balas? ¿con hurras, VIVAS  a España, con la cabra de la Legión? Me cuesta imaginarlo. ¿A quién protegen las fuerzas de seguridad?, ¿cuántas vidas salvan?, ¿cuántas vidas salva un/x médico? ¿cuántas un/x enfermerx? Hagan cuentas, para mí las respuestas son claras y contundentes.

No seamos ingenuxs, la militarización de la calle solo responde la justificación de un crecimiento del gasto militar en detrimento de la inversión social. Nada más. El resto de relatos, en mi opinión son pura habladuría. 
Un beso